Un Rato Para Las Doce
Veinte minutos para las doce, sin sueño, con hambre, sin nada que hacer; solo dejando que pase el tiempo.
Tal vez se me ocurra algo que hacer, pero mientras tanto solo oigo el silencio.
Ya pasaron 10 minutos más, y me quedo sentada viendo la pared, encontrando formas y figuras a las irregularidades y abultamientos.
El soplo del viento hace el silencio más grande y el tiempo más extenso.
Cinco minutos para las doce y las figuras de la pared empiezan a aparecer en el papel.
El silencio termina con los chillidos de los gatos que pelean en el techo y el susurro del lápiz al trazar las líneas que marcan las figuras.
Así pasan las doce, dibujando figuras en un papel.

